El pasado viernes falleció mi tico, mi hurón. Regresábamos de las vacaciones (esas en las que no me dejaba hacer la maleta), estábamos entrando por la puerta de casa cuando me llamaron por teléfono para avisarme de que fuera corriendo a recogerlo que tenía mala cara. Salimos corriendo y lo llevamos al veterinario, pinchazos, suero, toda la noche sin dormir, al día siguiente ingresado, hidratándolo… pero no se pudo hacer nada más. El pobre sufrió una insolación, le cambiaron la jaula de sitio esa misma tarde y en algún momento le dió el sol directo. Que ganas tengo de que se vaya ya este calor.
Cuando una mascota se pierde también se te cae el mundo encima, algunos me han llegado a decir: “Bah, si era solo un hurón”. En esos momentos es mejor no decir nada porque sabes que esa persona no tiene una mascota y no sabe lo que se siente, aunque se crea con derecho a opinar.
En fin sólo quería contároslo, he hablado muchas veces de él en el blog y me parecía justo.










